ASOCIACIÓN DE MEDIACIÓN Y ORIENTACIÓN FAMILIAR

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LA DECISIÓN DE ROMPER

 

Generalmente, la decisión de separarse no es fácil de tomar. Muchas personas pasan años deshojando la margarita, sin atreverse a dar el paso definitivo. Otras, antes de la ruptura definitiva, llevan a cabo varias tentativas frustradas siempre por la esperanza de un arreglo imposible.

Se trata de una decisión de gran trascendencia, que nadie puede tomar por nosotros. Aquí sólo apuntamos algunas ideas a tener en cuenta.

Podemos resumir en tres fases el proceso a seguir ante la posibilidad de una separación: Análisis, Decisión, Acción

ANALIZAR LA SITUACIÓN

Tratar de ver la situación "desde fuera".

Evaluar lo positivo y lo negativo de la situación.

Tratar de olvidar las palabras. Centrarse en los hechos.

Ayudarse de alguna persona de confianza (pocas, y a ser posible, cualificadas).

TOMAR UNA DECISIÓN

Evaluar las consecuencias de las distintas decisones posibles.

No suele existir la decisión "ideal". Hay que buscar la "menos mala".

No engañarse a sí mismo con esperanzas vanas.

Toda decisión conlleva consecuencias no deseadas. Es necesario asumirlas también.

Recordar que si no se hace nada, las cosas suelen empeorar.

Se debe tomar una decisión propia. Con independencia de lo que decida la otra parte.

ACTUAR

La mejor decisión es inútil si no se lleva a cabo.

Una vez tomada una decisión. actuar cuanto antes. Mantenerse firme en ella.

Hay que centrar la mirada en el futuro. El recuerdo del pasado sólo suele servir de lastre.

Concentrarse en llevar a cabo la decisión. Evitar palabras y actos que no contribuyan a ese fin.

No perder el objetivo: consiste en lograr una situación mejor para uno mismo, no en destruir al "contrario".

 

  • En toda convivencia de pareja suelen aparecer crisis de evolución. No hay que precipitarse y confundirlas con un "fracaso" de la pareja.

  • En muchas parejas llega un momento en que alguno descubre que ya no queda amor, que la convivencia es imposible, que ya no se soporta al otro, o que la soledad es más dura en compañía. No hay que confundir estos signos con meras crisis de evolución.

  • Uno de los mayores obstáculos para tomar una decisión acertada es el empeño que ponen muchas personas en confundir sus deseos con la obstinada realidad.

  • Muchas parejas evitan una ruptura inevitable "en beneficio" de los hijos. En la mayoría de los casos los hijos estarían mejor con sus padres separados que juntos, pero con una convivencia rota.

  • Lo más frecuente es que uno de los miembros de la pareja tome la iniciativa de la ruptura. El otro, a veces, recurre a ruegos, promesas, e incluso amenazas para evitarlo. Con ello sólo se consigue prolongar la convivencia unos meses o años más.

  • Ante la posibilidad de una ruptura, sólo hay una cosa eficaz que puede hacer el que no ha tomado la iniciativa y desea que la pareja se mantenga: cambiar sus actitudes y conductas.

  • Las grietas que se cierran en falso, cono el tiempo acaban haciendo saltar por los aires a la pareja.

  • Una separación no es fácil. A veces el futuro aparece lleno de incertidumbres y dificultades. Podemos decidir afrontarlas. También podemos decidir resignarnos a continuar como hasta ahora. Lo peor es no tner el valor de afrontar la ruptura ni la entereza de soportar la situación.

  • Si finalmente se llega a la decisión de romper, cuanto antes mejor. Cuanto más dura la ruptura, más daños nos hacemos a nosotros y a los demás, y más tiempo tardamos en recuperar el equilibrio y la autonomía.


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